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Ana Rosetti
España
Nightingale
«Cada palabra es una herida mortal. Debo tener cuidado».
Jorge Díaz
Noche, palabra mía henchida de sucesos La aflicción, el vacío, la muerte, la tiniebla avivan en tus sílabas sus temores y ansias. Extenuado nombre, fatigada corola, para caer de ti como cansino pétalo, o hundirse en tus confines, abiertos, afilados, beso ardiente, última sensación, locura extrema. Noche, noche, amor mío, ¿es que acaso me atreveré a saltar traspasada de ti hasta la muerte? Lengua: nupcial espada. Apenas te mencione, convocadas estrellas insistirán solícitas mostrando el desvarío de tus ojos vibrátiles. Oh noche, qué incitante, qué turbadora eres; madre devoradora, acercas tu regazo, y cómo quiero huir, cómo desertar quiero de tus lágrimas ávidas, cómo intento esconderme de tus manos, oh noche, mi tristeza. Y quizás seas la única, la palabra final que todo amor explique. Y el estremecimiento. Y el magnífico instante que ni aún la memoria más fiel y enamorada consiente en repetir. Noche, tristeza mía, todavía es posible que te llame, y me abreve en el láudano amargo que destilan tus letras. Que a tu herida entregue y a tu abismo, mi tristeza, mi noche, todavía es posible. Oh noche mía, acaso... acaso te amaría.
A James Forestal, que se arrojó al vacío antes de terminar de escribir la palabra “ruiseñor”, es decir,”NIGHTingale”
Indicios vehementes (Poesía 1979-1984)
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